Principio de Heroísmo de Ralph Waldo Emerson

Principio de Heroísmo de Ralph Waldo Emerson


La vida es una fiesta solamente para el sabio. Visto desde el rincón y la chimenea de la prudencia, viste un frente andrajoso y peligroso.


Tristemente ningún hombre existe que en su propia persona no se haya vuelto de alguna manera un accionista en el pecado, y hecho a sí mismo sujeto de una acción en la expiación.


El héroe es una mente del tal balance de que ninguna perturbación puede agitar su voluntad.
No hay nada filosófico allí en el heroísmo; no hay nada sagrado allí adentro; parece no saber que las otras almas son de una textura con ello; tiene orgullo; es el extremo de la naturaleza individual. Sin embargo debemos reverenciarlo extremadamente.


El heroísmo siente y no razona, y por lo tanto está siempre en lo correcto; y aunque una crianza
diferente, una religión diferente y la actividad intelectual más grande habrían modificado o
invertido esta particular acción, ni siquiera, aún para el héroe, esa cosa que hace es el acto más alto, y no está abierto a la censura de filósofos o adivinos.

El heroísmo trabaja en la contradicción para la voz de humanidad y en la contradicción, por un rato,
a la voz de lo grande y del bien.

El heroísmo es una obediencia a un impulso secreto de una persona individual. Ahora, a ningún otro hombre su sabiduría puede aparecer como le hace, porque cada a hombre se debe suponer que ve un
poco de más lejos sobre su propio sendero recto que a cualquier otro. Por lo tanto los hombres justos y sabios sienten resentimiento hacia su acto, hasta que un poco de tiempo pasa: entonces ven que él está al unísono con sus actos.

Todos los hombres prudentes ven que la acción sea limpia y contraria a una prosperidad sensual; por que cada acto heroico se mide a sí mismo por su desprecio de algunos bienes externos. Pero halla su propio éxito al final, y entonces el prudente también lo alaba.

La confianza propia es la esencia del heroísmo. Es el estado del alma en la guerra, y sus objetivos finales son el desafío último a la mentira y el error, y el poder de cargar con todo lo que puede ser
infligido por agentes malvados.

Habla la verdad y es justo, generoso, hospitalario, templado, desdeñoso de los cálculos insignificantes y desdeñoso de ser despreciado. Persiste; es de una osadía
impávida y de una valentía que no se desgasta. Su gesta es la pequeñez de la vida común. Esa
prudencia falsa que adora a la salud y la riqueza es la burla y el júbilo del heroísmo.

El magnánimo sabe muy bien que los que dan el tiempo, dinero, o refugio, al desconocido, – lo que es hecho por amor y no por ostentación, – poner a Dios bajo la obligación para ellos, tan perfectas por así decirlo son las remuneraciones del universo. En alguna manera la época en que parecen perder es salvada y los trabajos que parecen padecer se remuneran. Estos hombres avivan la llama del amor humano y aumentan el padrón de la virtud civil entre humanidad. Pero la hospitalidad
debe ser para servir y no para aparentar, o hunde al anfitrión.

La esencia de la grandeza es la percepción de que la virtud es suficiente. La pobreza es su
ornamento. No necesita mucho, y puede aguantar muy bien su pérdida.

La característica del heroísmo es su persistencia. Todos hombres tienen errantes impulsos, ataques y principios de la generosidad. Pero cuando usted ha elegido su parte, cumpla con ello, y no trate de reconciliarse débilmente a usted mismo con el mundo. Lo heroico no puede ser lo ordinario, ni lo ordinario lo heroico. Todavía tenemos la debilidad para esperar la compasión de las personas en
esas acciones cuya excelencia es que sobrepasan la compasión y resultan atractivas para una justicia atrasada.

Si usted serviría a su hermano, porque es apto para usted el servirlo, no retire sus palabras cuando descubra que personas prudentes no lo elogian.

Adhiérase a su propia acción, y felicítese a usted mismo si usted ha hecho algo extraño y extravagante y rompa la monotonía de una era decorosa.

Es un gran consejo que una vez escuché ser dado a una persona joven, – “Haga siempre lo que usted teme hacer”.
Déjenos ser generosos con nuestra dignidad así como con nuestro dinero.


No veo ningún camino de la paz perfecta que un hombre puede recorrer, sino después del consejo de su propio pecho. Déjelo abandonar el exceso relaciones, déjelo irse a casa seguido, y establecerse en esos caminos que aprueba. La retención constante de las opiniones simples y altas en servicios obscuros está endureciendo el carácter a ese temperamento que funcionará en el honor, si necesita estar en el tumulto, o sobre el andamio.



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